¿La genética podría influir en la elección de los amigos?

¿La genética podría influir en la elección de los amigos?

Nuestras preferencias para relacionarnos socialmente y elegir a nuestros amigos podrían estar determinadas por los genes, según un estudio en ratones que revela que estos prefieren a los que tienen las mismas variantes genéticas.

Un nuevo estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland (UMSOM), en Estados Unidos, sugiere que existe una base biológica detrás de una reacción instantánea de compatibilidad. En concreto, los investigadores mostraron que las variaciones de una enzima que se encuentra en una zona del cerebro que se encarga de regular el estado de ánimo y la motivación parecen controlar qué es lo que desean los ratones cuando interactúan socialmente con otros ratones, y que aquellos genéticamente similares se prefieren unos a otros.

Los autores del trabajo, liderados por Michy Kelly, Profesora Adjunta de Anatomía y Neurobiología, afirman que sus hallazgos pueden indicar qué factores similares podrían influir en las elecciones que hacen las personas a la hora de relacionarse socialmente. Saber cuáles son los factores que conducen a ciertas preferencias sociales nos puede ayudar a identificar mejor qué es lo que ha fallado en el caso de las enfermedades asociadas con el aislamiento social como la esquizofrenia o el autismo, lo que contribuiría a desarrollar mejores terapias para tratarlas.

“Creemos que este es solo el primero de entre muchos biomarcadores de compatibilidad presentes en el cerebro que controlan nuestras preferencias sociales”, ha dicho la Dra. Kelly. “Imagina las posibilidades de comprender verdaderamente los factores detrás de la compatibilidad humana. Se podría mejorar la elección de pareja para reducir los problemas sentimentales y las tasas de divorcio, o combinar mejor a pacientes y médicos para potenciar la calidad de la atención sanitaria”, añade.

¿La genética podría influir en la elección de los amigos?

En la investigación, que se ha publicado en Molecular Psychiatry, emplearon ratones mutantes que carecían de la proteína PDE11, porque la Dra. Kelly había comprobado en un estudio anterior que estos animales se aislaban socialmente y que esta proteína se encontraba en el cerebro. La experta continuó analizando el comportamiento social de estos ratones mutantes en base a sus reacciones a los olores.

Los investigadores cogieron bolitas de madera y las frotaron con feromonas de un grupo de ratones y las colocaron en un recinto en el que había otro grupo de roedores. Cuando a un ratón le exponían a una bola de un ejemplar de su grupo y a otra de un extraño lo normal es que pasara más tiempo examinando la bola con el olor del extraño, pero cuando analizaron las preferencias de los ratones mutantes sin PDE11, estos prefirieron el olor extraño una hora o una semana después de encontrarse con sus compañeros, pero solo una hora después del encuentro –lo que se considera memoria reciente a largo plazo para un ratón– su memoria social pareció volverse confusa, y no distinguieron entre un compañero y un extraño.

Para los investigadores esto significa que la memoria social de los ratones a corto y a largo plazo funciona perfectamente, pero que tienen un problema codificando la información en memoria a largo plazo reciente, el tiempo entre la memoria a corto y a largo plazo. Un estudiante que trabaja en el laboratorio de la Dra. Kelly señaló que se había dado cuenta de que los niños con autismo prefieren interactuar con otros que también tienen este trastorno, por lo que Kelly decidió probar si los mutantes sin PDE11 y los ratones normales tenían preferencias entre ellos al interactuar.

El equipo encontró que los mutantes preferían estar rodeados de otros mutantes en vez de ratones normales, mientras que los normales también preferían a los de su mismo tipo genético. Cuando examinaron otras variantes genéticas de PDE11 con un solo cambio en el código de ADN comprobaron que los ratones con esa variante genética preferían a los que tenían la misma variante sobre cualquier otro.

“Lo que ha conseguido este equipo es determinar un modelo con el que los investigadores pueden identificar los fundamentos de la amistad en modelos animales”, afirma el Dr. E. Albert Reece, profesor y decano de la UMSOM, que concluye “este hallazgo tan importante es solo el comienzo, pero esperamos que conduzca a nuevas opciones de tratamientos biológicos o sociales para enfermedades como la esquizofrenia o el deterioro cognitivo asociado a la edad, en las que el aislamiento puede reducir la calidad de vida de las personas”.

Katia Appelhans

Soy redactora hace varios años y siempre tuve una fuerte pasión por la escritura. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UBA, con orientación en periodismo. También, y fue lo que despertó mi interés por la salud y el bienestar, realicé el profesorado de yoga y actualmente estudio Asistente de Nutrición y Alimentación Saludable. Me parece fundamental que los hábitos saludables formen el 80% de nuestras vidas, con eso me refiero al ejercicio regular y la buena alimentación. ¡Ah! Además comparto recetas saludables en mis redes.+ info

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