Covid-19: la lucha por una vacuna accesible para todo el mundo Covid-19: la lucha por una vacuna accesible para todo el mundo

Covid-19: la lucha por una vacuna accesible para todo el mundo

En la actualidad, ninguna de las grandes compañías que se encuentran desarrollando una posible vacuna contra el covid-19, se ha sumado a las iniciativas mundiales para compartir la propiedad intelectual. Esto atenta con el principal fin: que la vacuna sea accesible y esté garantizada para todos.

Actualmente, más de 200 vacunas contra el covid-19 se encuentran en distintas fases de desarrollo. De ellas, 48 ya se están probando en humanos y 11 se encuentran en la última fase de desarrollo, es decir, en la fase 3 de sus ensayos clínicos. Pareciera que casi en tiempo real, se juega la carrera científica y económica que, en medio de distintas vicisitudes, los laboratorios farmacéuticos intentan dar con una vacuna para el covid-19 que sea eficaz. Sin embargo, una clara dificultad surge a primera vista: que el acceso a la vacuna sea global, y esté garantizado para todos.  

En estos momentos, se sabe que Pfizer anunció hace poco más de una semana un gran porcentaje de efectividad —90%— y a las pocas horas, los desarrolladores de la vacuna rusa Sputnik V subían ligeramente la apuesta: 92%. Dos días más tarde, Moderna hizo su anuncio: 94,5%. Luego, otros dos días después, Pfizer ya anunciaba un porcentaje del 95% e igualaba de nuevo la carrera.

Estos anuncios son, sin duda esperanzadores. Sin embargo, sólo responden a análisis propios de las compañías y no están recogidos en publicaciones científicas. Pareciera más bien que corresponden a estrategias más comerciales que buscan generar movimientos especulativos en las bolsas internacionales.

Mientras millones de personas siguen dando positivo al covid-19, la carrera por el desarrollo de una vacuna eficaz sigue en pie

A su vez, la carrera de las compañías farmacéuticas genera, inevitablemente, una carrera paralela por parte de los países y sus administraciones. Una carrera nacionalista y proteccionista en la que todos los países se quieren asegurar abastecimiento de las futuras vacunas. Una carrera que se libra a través de acuerdos de compra avanzada entre países y compañías y que beneficia, indudablemente, a aquellos con mayor poder adquisitivo.

A priori, parece una carrera desequilibrada. Y las cifras así lo demuestran: según Oxfam, las naciones ricas, que representan tan solo el 13 % de la población mundial, ya se han asegurado más de la mitad de las dosis prometidas por las principales compañías farmacéuticas en la carrera por la vacuna. Un caso notorio y que ejemplifica bien esta situación es el de Moderna, que ya ha comprometido toda su producción exclusivamente a países ricos.

También el caso de Pfizer: de los 1.350 millones de dosis que la compañía dice que tiene la capacidad de producir para finales del próximo año, más de mil millones de dosis, el 82 %, ya se han vendido a los gobiernos más ricos, según el análisis realizado por Global Justicie Now. 

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha alertado del peligro de esta estrategia y de la dificultad que estos acuerdos van a suponer para que todos los países del mundo tengan acceso a las futuras vacunas. "El nacionalismo de las vacunas solo perpetuará la enfermedad", advirtió hace poco el Dr. Tedros, director general.

Países con bajos recursos aún no han garantizado dosis de vacunas contra el covid-19

Por otro lado, la falta de transparencia no afecta solo a los resultados de los ensayos clínicos. Existe también una alarmante falta de transparencia en estos acuerdos de compra avanzada entre los países y la industria farmacéutica. Por ejemplo: tras el anuncio de Pfizer, la Unión Europea se aseguró la compra de 300 millones de dosis, pero se negó a publicar los detalles de estos contratos. Las cláusulas de confidencialidad se lo impedían. Lo mismo puede notarse con los acuerdos alcanzados por AstraZeneca, Sanofi-GSK, Johnson&Johnson, compañías con las que la UE se ha asegurado, individualmente, al menos, otros 300 millones de dosis.

De esta forma, los países parecen haber aceptado las reglas del juego impuestas por las grandes compañías farmacéuticas.

Hoy en día, uno de los mayores problemas que tiene el sistema de I+D biomédica y la política farmacéutica se trata de la falta de transparencia y la confidencialidad —derivados de la protección de la propiedad intelectual sobre los productos— que no permiten el acceso a la información en cuanto a los costos del desarrollo de las vacunas, entre otras cuestiones.

Asimismo, ninguna de las grandes compañías que están desarrollando vacunas para el covid-19 se ha sumado a las iniciativas mundiales, como la propuesta por la OMS, para compartir abiertamente la propiedad intelectual. Si se pretende que haya una vacuna accesible para todas las personas, las empresas no pueden y no deberían tener monopolios sobre las vacunas que desarrollen, mucho menos aquellas que han recibido financiamiento a través de fondos públicos.

La carrera por la vacuna ya es —afortunadamente— imparable. El problema es saber cómo se va a distribuir y qué se va a hacer para asegurar que todas las personas, también aquellas de los países más pobres, la reciban. Hoy más que nunca, se necesita de un acceso universal a vacunas seguras, eficaces y a precio justo que lleguen a todas las personas sin coste alguno para ninguna de ellas.

Fuente: Agencia de Noticias SiNC

Celeste Valeria Verdicchio

Periodista Digital por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Especializada en métricas y creación de contenidos por FOPEA. Estudiante de la Licenciatura en Sociología, UNMDP. He colaborado en distintos medios marplatenses. Actualmente, escribo para la revista Maga y mi blog personal: Despuntar el vicio. Leer y escribir, siempre.+ info

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