Nictofobia o miedo a la oscuridad en niños: causas y consecuencias Nictofobia o miedo a la oscuridad en niños: causas y consecuencias

Nictofobia o miedo a la oscuridad en niños: causas y consecuencias

La fobia a la oscuridad es una de las más frecuentes en la etapa infantil, y puede mantenerse incluso en la edad adulta si se cronifica.

La nictofobia es un tipo de fobia específica que por lo general aparece en la infancia. Los más pequeños suelen presentar miedos leves y transitorios, que son considerados como miedos evolutivos por asociarse con su edad. A medida que se va consiguiendo un desarrollo emocional y cognitivo adecuado, los miedos van desapareciendo.

Cada miedo tiene su edad propia de aparición. En concreto, el miedo a la oscuridad tiende a presentarse en torno a los dos años y continúa aumentando en los años siguientes por diferentes experiencias en donde la oscuridad se sitúa como un evento peligroso (por ejemplo cuentos, películas, etcétera). Además, el miedo a la oscuridad puede dar lugar a la aparición de  temor  hacia  estímulos asociados a la misma, como los fantasmas o los ladrones.

En torno a los 9 años, el miedo a la oscuridad empieza a reducirse. Sin embargo, existen casos en los que persiste, dejando de entenderse como un miedo evolutivo y dando lugar a una fobia a la oscuridad, cuya prevalencia en la población infantojuvenil se sitúa alrededor del 2.3%, siendo considerada una de las fobias más frecuentes en la etapa infantil, que puede mantenerse incluso en la edad adulta en el caso de que se cronifique.

La nictofobia es un tipo de fobia específica que por lo general aparece en la infancia

Para diagnosticar fobia a la oscuridad se debe atender a los siguientes criterios diagnósticos:

Causas y consecuencias del miedo a la oscuridad

La adquisición y mantenimiento de la fobia a la oscuridad está determinado por varios factores diferentes. Desde la psicología conductual se atiende a los mecanismos de aprendizaje para explicar tanto la adquisición, como al mantenimiento de la fobia:

  1. Aprendizaje o condicionamiento clásico: explica la adquisición de la fobia a partir de experiencias negativas que el pequeño ha vivido en el contexto de la oscuridad. Así por ejemplo, cabe destacar la asociación que se establece cuando la madre atiende al niño  con la luz encendida al reclamarla por la noche. El niño puede asociar la luz con la seguridad de tener presente a su madre, relacionando la oscuridad con el malestar por el que había llamado a su madre (por ejemplo, pesadillas). Cuando la fobia a la oscuridad aparece en la edad adulta asociada a un condicionamiento clásico, este puede ser consecuencia de un evento puntual (por ejemplo, sufrir un robo en plena noche), o bien repetitivo (por ejemplo, algunas víctimas de abuso sexual describen un miedo a la oscuridad asociado a las intimidaciones sexuales recibida por sus parejas al apagar la luz por las noches).
  2. Aprendizaje o condicionamiento vicario u observacional, o por transmisión de información: a veces adquirimos miedos, no por experiencia directa, sino porque nos los han contado o los hemos observado en otras personas. Las películas, los cuentos, las noticias de agresiones o robos por la noche, pueden dar lugar al miedo a la oscuridad.
  3. Aprendizaje o condicionamiento instrumental y operante: explica por qué se mantiene el miedo y para ello alude a las consecuencias del mismo o de los actos asociados. Cuando el niño evita la oscuridad (por ejemplo: viene mamá, encienden la luz…) los niveles de ansiedad se reducen, evitando que se desarrollen estrategias de afrontamiento al miedo. Además, este hecho produce una disminución de la ansiedad a corto plazo, lo que refuerza la conducta y hace más probable que la repita en un futuro. Por otra parte, en muchos casos la persona obtiene ganancias cuando tiene miedo. En este sentido, es frecuente que el niño con miedo acabe durmiendo en la cama o con uno de sus padres, o que el adulto con miedo reciba mayores dosis de atención por su entorno.

Consecuencias de la nictofobia

La fobia a la oscuridad puede interferir de una forma considerable en la vida del niño, pudiendo dar lugar a problemas personales y familiares de forma inmediata y a largo plazo. Como  cualquier fobia específica, los miedos nocturnos severos causan un considerable malestar  personal, interfieren en el funcionamiento familiar, además de influir en la autoestima de quien los padece. En el caso de los niños, puede suponer un grave problema familiar a la hora de irse a la cama.

Además, cuando el miedo persiste y no es tratado, puede dar lugar otros problemas en la  adolescencia y la edad adulta, aumentando el riesgo de que se convierta en un trastorno crónico y alejando la posibilidad de su remisión espontánea.

Katia Appelhans

Soy redactora hace varios años y siempre tuve una fuerte pasión por la escritura. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UBA, con orientación en periodismo. También, y fue lo que despertó mi interés por la salud y el bienestar, realicé el profesorado de yoga y actualmente estudio Asistente de Nutrición y Alimentación Saludable. Me parece fundamental que los hábitos saludables formen el 80% de nuestras vidas, con eso me refiero al ejercicio regular y la buena alimentación. ¡Ah! Además comparto recetas saludables en mis redes.+ info

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