Un estudio analiza la relación entre soledad y hambre, en épocas de aislamiento social Un estudio analiza la relación entre soledad y hambre, en épocas de aislamiento social

Un estudio analiza la relación entre soledad y hambre, en épocas de aislamiento social

¿Cómo se ven afectadas las personas en un período de aislamiento social forzado? El aislamiento social crónico y la soledad están asociados con la afectación de la salud física y mental, pero poco se habla sobre las consecuencias que genera el aislamiento obligatorio agudo.

Las interacciones sociales positivas en sí mismas pueden ser necesidades humanas básicas, análogas a otras necesidades básicas como el consumo de alimentos o el sueño. En estos casos, la ausencia de interacción social positiva podría crear un deseo o anhelo, que motiva el comportamiento para reparar lo que falta.

En los animales sociales, las interacciones sociales actúan como recompensas primarias: son inherentemente placenteras y motivan el comportamiento en ausencia de cualquier otra recompensa. Los períodos prolongados de aislamiento, especialmente durante el desarrollo, pueden alterar drásticamente el comportamiento y la función cerebral. Incluso un breve período agudo de aislamiento social en animales como los ratones, causa un estado cerebral aversivo, similar a la soledad.

El aislamiento social crónico puede provocar sentimientos de angustia y depresión

En un estudio en el que participaron 40 adultos jóvenes sanos, se los sometió a 10 h de aislamiento social y resonancia magnética funcional, con el fin de intentar buscar asociaciones al interrogante de si existe una clara relación entre aislamiento, sentimientos de soledad, sistema de recompensa y sensaciones como el hambre. Cada participante se sometió a 10 h de ayuno alimentario previo.

Los resultados revelaron y confirmaron la hipótesis: las personas que se ven obligadas a estar aisladas anhelan interacciones sociales de manera similar a la forma en que una persona hambrienta anhela la comida.

A pesar de que el aislamiento duró solo 10 horas y los participantes sabían exactamente cuándo terminaría, los participantes informaron más soledad y ansias sociales al final del día que al principio. Para las personas que están muy conectadas socialmente, un día de aislamiento social es una gran desviación de las tasas típicas de interacción social. Aunque cuando se elige intencionalmente, la soledad puede ser relajante y rejuvenecedora, el aislamiento exigido externamente fue subjetivamente aversivo.

La interacción social es una necesidad básica humana

Estos resultados encajan con la predicción intuitiva de que la privación de una necesidad provoca un mayor deseo por la necesidad específica. Los antojos específicos evocan un patrón generalizable de actividad: los patrones de respuesta a la comida cuando la persona tenía hambre eran más similares al patrón de respuesta a las señales sociales cuando estaba aislado que a las respuestas a la comida cuando estaba saciado.

En general, el hallazgo de una respuesta más selectiva en el sistema nervioso a las señales sociales después del aislamiento, así como las señales alimentarias después del ayuno se ajustan a la idea intuitiva de que las interacciones sociales positivas son una necesidad humana básica, y la soledad aguda es un estado aversivo que motiva a la gente a reparar lo que falta, similar al hambre.

Fuente: IntraMedicina

Celeste Valeria Verdicchio

Periodista Digital por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Especializada en métricas y creación de contenidos por FOPEA. Estudiante de la Licenciatura en Sociología, UNMDP. He colaborado en distintos medios marplatenses. Actualmente, escribo para la revista Maga y mi blog personal: Despuntar el vicio. Leer y escribir, siempre.+ info

Noticias Relacionadas

Más Noticias

Más Noticias